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3. Prioridades del sector forestal portugués y gallego
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ticulares y comuneros de montes no consorciados, a la generalización del abandono
de las superficies forestales, permitiendo la acumulación de biomasa vegetal que
servirá de estopa para los incendios estivales.
A principios de la década de los años 90, los propietarios de montes gallegos co-
mienzan a percibir un cambio en la valorización social del monte y en la concreción
de medidas tendentes a reparar en las superficies forestales. De este modo, se asien-
tan las bases para el surgimiento de una cultura forestal tanto entre el propietario,
como entre el resto de la sociedad gallega.
La cultura forestal de referencia contempla un complejo número de cuestiones,
que hablan de una sociedad que pretende incorporarse a los nuevos modelos de pro-
ducción y consumo de las sociedades más modernizadas de nuestro entorno, aunque
con un importante desfase histórico.
Junto a la silvicultura de recolección, toman cuerpo otros modelos de acción
que incorporan la razón técnica a la creación de nuevas masas, al cuidado y aprove-
chamiento de las existentes.
La gestión de los objetivos de producción se hace más compleja, involucrando un
amplio repertorio de cuestiones y agentes sociales. El problema del monte en las
sociedades modernas actuales, ya no radica exclusivamente en la organización efi-
ciente de la producción de materias primas con ayuda de la tecnología.
Ya no basta con producir madera suficiente para abastecer los crecientes niveles
de consumo de sus derivados, sino que se repara en la calidad y la diversidad de lo
que se produce sea madera, frutos, especies cinegéticas, pesca, energía, zonas de
recreo, reservas de la naturaleza, o paisajes. Las producciones del monte se vinculan
a unos consumos, a unos objetivos de producción cada vez más diversificados, que
además se desea compatibilizar.
El hecho de que los montes sean unidades productoras de materias primas y ser-
vicios indispensables para el desarrollo de nuestra sociedad no parece representar en
sí un valor intrínseco que la sociedad aprecie. Mientras que sí es aceptada y valorada